El preceptor filósofo

mayo 23, 2009 — Deja un comentario

preceptorEl preceptor filósofo
Cuentos y fábulas
Marqués de Sade
Voz: Carlos Alberto Lara Carranza
Duración: 5 Minutos
Música: MusOpen
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Sexo, humor y religión van de la mano en este genial relato.

De todas las ciencias que se inculcan a un niño cuando se trabaja en su educación, losmisterios del cristianismo, aun siendo sin duda una de las materias más sublimes de estaeducación, no son, sin embargo, las que se introducen con mayorfacilidad en su jovenespíritu. Persuadir, por ejemplo, a un muchacho de catorce o quince años de que Diospadre y Dios hijo no son sino uno, que el hijo es consustancial a su padre y que el padrelo es al hijo, etc., todo esto, por necesario que sea no obstante para la felicidad de la vida es más difícil de hacer comprender que el álgebra y cuando se quiere tener éxito, uno se ve obligado a emplear ciertas equivalencias físicas, ciertas explicaciones materiales que,por desproporcionadas que sean, facilitan, sin embargo, a un muchacho la comprensiónde la misteriosa materia.Nadie estaba tan plenamente convencido de este método como el padreDu Parquet,preceptor del condesito de Nerceuil, que tenía unos quince años de edad y el rostro máshermoso que fuera posible contemplar.-Padre -decía día tras día el joven conde a su preceptor-, de verdad que la consustancialidad está por encima de mis fuerzas, me es absolutamente imposible concebir que dospersonas puedan convertirse en una sola: aclaradme ese misterio, os lo suplico, o ponedlo al menos a mi alcance.El virtuoso eclesiástico, deseoso de tener éxito en su educación, contento de poder facilitar a su discípulo todo aquello que un día pudiera hacer de él un hombre deprovecho, ideó un procedimiento bastante satisfactorio para allanar las dificultades que hacían cavilar al conde, y este procedimiento, tomado de la naturaleza necesariamente, tenía queresultar bien. Hizo venir a su casa a una jovencita de trece a catorce años y tras asesorarla convenientemente la unió a su joven discípulo.-Y bien-le pregunta-, amigo mío, ¿entendéis ahora el misterio de la consubstancialidad? ¿Comprendéis ya con menos dificultad que es posible que dos personas se conviertan en una sola?-Oh, Dios mío, claro que sí, padre-responde el encantador energúmeno-; ahora lo entiendo todo con una facilidad sorprendente. No me extraña que ese misterio constituya,según se dice, toda la alegría de los seres celestiales, pues es agradabilísimo divertirsehaciendo de dos uno solo.Algunos días más tarde el joven conde rogó a su preceptor que le diera otra lección,pues pretendía que había aún algo en el misterio que no comprendía bien y que no podría explicarse más que celebrándolo una vez más en la forma en que ya lo había hecho. Elcomplaciente clérigo, a quien esta escena divertía probablemente tanto como a su alumLibrodot Cuentos, historietas y fábulas       Marqués de SadeLibrodot1616no, hace volver a la muchachita y la lección vuelve a empezar, pero esta vez el clérigo,singularmente emocionado por el delicioso panorama que ofrecía a sus ojos el guapo muchacho de Nerceuil consubstanciándose con su compañera, no pudo resistirse a intervenir en la explicación de la parábola evangélica y las bellezas que con ese motivo recorren sus manos acaban por inflamarle totalmente.-Me parece que esto va demasiado de prisa -exclama Du Parquet, agarrando al condesito por la cintura-, excesiva elasticidad en los movimientos, por lo que resulta que nosiendo tan íntima la conjunción norefleja adecuadamente la imagen del misterio que hayque demostrar aquí… Si nos ponemos, exacto de estaforma -prosigue el pícaro, obsequiando a su joven discípulo con lo mismo que éste ofrece a la muchacha.-¡Ah! Dios mío, ¡que me hacéis daño, padre! -exclama el muchacho-. Y además esta ceremonia me parece inútil. ¿Qué otra cosa me enseña sobre el misterio?-¡Oh, diablos!-contesta el eclesiástico, balbuceando de placer-. ¿Pero no ves, amigomío, que te lo enseño todo de una vez? Esto es la Trinidad, hijo mío… Hoy te estoy explicando la Trinidad, cinco o seis lecciones más y serás doctor de la Sorbona.

 

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