Archivos para November 30, 1999

El capote

mayo 13, 2009 — 1 Comentario

CapoteEl capote
o El abrigo
Nikolái Vasílievich Gógol
Voz: Paco Segura
Duración: 75 Minutos
Música: Zero-project y Daniel H (cc:by-sa)

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Nicolás Gogol nació en Poltava en 1809, en una Rusia donde seguían vigentes las estructuras feudales: señores, siervos y sobre todo, mucha pobreza. Fue el precursor del Romanticismo Ruso. Murió en Moscú en 1852.

Parece imposible superar el patetismo tan crudo que plantea Gogol en este genial relato, El capote. Su protagonista, Akakí Akákievich consigue que sintamos a este pobre desdichado como alguien cercano e íntimo.

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El escarabajo de oro

mayo 12, 2009 — 1 Comentario

escarabajoEl escarabajo de oro
The Gold Bug
Edgar Allan Poe
Narrador: Rafael Oñate Regojo
Duración: 85 Minutos
Música: Juice connection & Pamauni (cc:by-sa)

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Ilustración original del Escarabajo de Oro (Poe)Ilustración original

Una aventura de misterio que comienza con el descubrimiento del tesoro de la isla de Sullivan. Un singular relato para los amantes del misterio y las matemáticas.

Para muchos, el mejor cuento del maestro Poe.

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Otros relatos de Edgar Allan Poe


MultipleHeartsEl corazón delator
Edgar Allan Poe
Narraciones extraordinarias
Voz: Paco Segura
Duración: 15 Minutos
Música: Nangilima (cc:by-sa)

El Corazón delator, o, El corazón revelador, The Tell-Tale Heart, narra la enfermiza historia de un narrador anónimo que vive obsesionado con el Ojo de Buitre. El Ojo de buitre es un globo ocular enfermo que pertenece a un anciano que vive con él. Harto del espeluznante influjo que su terrible ojo enfermo le ocasiona, decide acabar con la vida del viejo. Tras asesinarlo le corta en trozos y lo esconde bajo la tarima del suelo de su propio domicilio.Lo malo será que jamás dejará de escuchar el constante latido del del difunto anciano.

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Al escuchar este fantástico relato no podremos quitarnos de la cabeza el continuo latir del corazón… delator
Todos los audiolibros de Edgar Allan Poe

Ilustraciñon: El corazón delator

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snowLa reina de las Nieves
H.C. Andersen
Voz: María Teresa Ramírez García
Duración: 90 minutos
Música: Evan & Tom Fahy (cc:by-sa)
FX: Audiolibro.org

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Hans Christian Andersen, Voz: Carlos Alberto Lara Carranza

Introducción, Voz Carlos Alberto Lara Carranza

Capítulo 1

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Casi todos los niños del mundo conocen algún cuento de Hans Christian Andersen: El patito feo, el ruiseñor, el hombre de nieve, La sirenita, el soldadito de plomo o Los vestidos nuevos del emperador.

Todos estos cuentos se han traducido a todos los idiomas y han alcanzado gran popularidad entre mayores y niños.

La Reina de las Nieves, en danés, Snedronningen, es un cuento de hadas publicado por primera vez en 1845  que narra las aventuras de dos niños, Kai y Gerda, en un mundo fantástico y lleno de magia.

Imagen: La reina de las nieves

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La ley del Talión

mayo 10, 2009 — 1 Comentario

talion1La ley del talión
Marqués de Sade
Voz: Macu Gómez
Duración: 10 Minutos
Música: BrunoXe (cc:by-sa)
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Otros títulos del Marqués de Sade

Un honesto burgués de la Picardía, descendiente tal vez de uno de aquellos ilustres trovadores de las riberas del Oise o del Somme, cuya olvidada existencia acaba de ser rescatada de las tinieblas apenas hace diez o doce años por un gran escritor de este siglo; un burgués bueno y honrado, repito, vivía en la ciudad de San Quintín, tan célebre por los grandes hombres que ha dado a la literatura, y vivían allí honradamente él, su mujer y una prima en tercer grado, religiosa en un convento de la ciudad. La prima en tercer grado era una muchacha morena, de ojos vivaces, nariz respingona y esbelto talle. Fastidiada por tener veintidós años y por ser religiosa desde hacía ya cuatro, la hermana Petronila, pues ese era su nombre, poseía además una bonita voz y mucho más temperamento que religión. En cuanto a Esclaponville, que así se llamaba nuestro burgués, era un joven gordinflón de unos veintiocho años a quien por encima de todo le gustaba su prima y no tanto, ni muchísimo menos, la señora de Esclaponville, pues venía acostándose con ella desde hacía ya diez años y un hábito de diez años resulta verdaderamente funesto para el fuego del himeneo. La señora de Esclaponville -hay que hacer su descripción, pues, ¿qué ocurriría si no cuidásemos las descripciones en un siglo en el que sólo hay demanda de cuadros, en el que incluso una tragedia puede no ser aceptada si los vendedores de telones no ven en ella seis cambios de decorado, por lo menos-; la señora de Esclaponville, repito, era una rubianca algo insípida pero blanca como la nieve, con unos ojos bastante bonitos, algo entrada en carnes y con esos mofletes que se suelen atribuir a una buena vida.

Hasta el momento en que nos hallamos, la señora de Esclaponville ignoraba que pudiera existir una forma de vengarse de un esposo infiel. Prudente como su madre, que había vivido ochenta y tres años con el mismo hombre sin haberle sido infiel jamás, era todavía tan ingenua y tan candorosa que no podía ni siquiera sospechar ese espantoso crimen que los casuistas han denominado adulterio y que los sofisticados, que todo lo suavizan, han calificado simplemente de galantería. Pero una mujer traicionada pronto recibe consejos de venganza de su resentimiento, y como nadie quiere quedarse a la zaga, en seguida que se le presenta la ocasión no hay cosa alguna que la arredre para que nada le puedan reprochar. La señora de Esclaponville se enteró, al fin, de que su querido esposo visitaba con excesiva frecuencia a la prima en tercer grado; el demonio de los celos se apodera de su alma, acecha, se informa y acaba por descubrir que hay muy pocas cosas en San Quintín tan probadas como los amoríos de su esposo y de sor Petronila. Segura de su efecto, la señora de Esclaponville declara finalmente a su marido que la conducta que observa la desgarra el alma; que ella nunca ha merecido un comportamiento semejante, y le ruega que no siga haciendo de las suyas.

-¿De las mías? -le contesta flemáticamente su marido- ¿No sabes, amiga mía, que acostándome con mi prima la religiosa gano mi salvación? Con una intriga tan santa el alma queda limpia; es como identificarse con el Ser supremo; es como si el Espíritu Santo tomara cuerpo dentro de uno mismo. No puede haber ningún pecado, mujer, con personas consagradas a Dios; purifican todo lo que se hace con ellas, y frecuentarlas suele despejar el camino hacia la beatitud celestial.

La señora de Esclaponville; no muy satisfecha del éxito de su amonestación, no despegó los labios, pero jura en su fuero interno que ya sabrá encontrar alguna forma de elocuencia más persuasiva… Lo malo de esto es que las mujeres siempre encuentran lo que buscan: por poco atractivas que sean, no tienen más que invocarlos y los vengadores les llueven por todas partes.

En la ciudad vivía cierto vicario de parroquia al que llamaban el padre Bosquet, un buen mozo de unos treinta años que andaba detrás de todas las mujeres y que estaba haciendo un bosque con las frentes de todos los maridos de San Quintín. La señora de Esclaponville corrió al vicario; como es inevitable, el vicario conoció a su vez a la señora de Esclaponville y los dos llegaron a conocerse tan a fondo que ambos hubieran podido pintar un retrato de cuerpo entero del otro sin temor a la más pequeña equivocación. Al cabo de un mes todos acudieron a felicitar al bueno de Esclaponville, que se jactaba de ser el único que había escapado a las temibles galanterías del vicario y de poseer la única frente aún no mancillada por aquel granuja.

-Eso no puede ser -contesta Esclaponville a quienes se lo contaban-, mi mujer es tan virtuosa como una Lucrecia, no lo creería aunque me lo repitieran mil veces.

-Entonces, ven -le dice uno de los amigos-, ven y haré que te convenzas con tus propios ojos y luego ya veremos si sigues dudándolo.

Esclaponville se deja llevar y su amigo le conduce a un paraje solitario, a una media legua de la ciudad, donde el Somme, encajonado entre dos arboledas frescas y cubiertas de flores, invita a los habitantes de la ciudad a un delicioso baile; pero como la cita era a una hora en la que por lo general nadie se está bañando todavía, nuestro infortunado esposo apura el amargo trago de ver cómo aparece primero su virtuosa mujer y acto seguido su rival sin que nadie venga a estorbarles.

-¿Y qué? -le pregunta su amigo a Esclaponville-, ¿ya te empieza a picar la frente?

-Todavía no -contesta el burgués rascándosela, no obstante, sin darse cuenta-, a lo mejor viene aquí a confesarse.

-Entonces esperemos al desenlace -responde su amigo.

No tuvieron que esperar demasiado. Nada más llegar a la deliciosa sombra del oloroso seto, el padre Bosquet se despoja de todo cuanto pudiera constituir un estorbo para los amorosos abrazos que maquina y pone manos a la obra santamente para elevar, quizá ya por trigésima vez, al bueno y honrado de Esclaponville a la altura de los restantes maridos de la ciudad.

-Y bien, ¿ahora lo crees? -le pregunta el amigo.

-Volvamos -responde agriamente Esclaponville- porque a fuerza de creerlo podría muy bien matar a ese maldito cura y me harían pagarlo más caro de lo que vale; volvamos, amigo mío, y guardadme el secreto, os lo ruego.

Sumido en la mayor turbación, Esclaponville regresa a su casa y su beatífica esposa aparece poco después para comer en su casta compañía.

-¡Un momento! -exclama el burgués, furioso-. Mujer, siendo aún un niño juré a mi padre que nunca me sentaría a la mesa con prostitutas.

-¿Con prostitutas? -le contesta beatíficamente la señora de Esclaponville-. Amigo mío, vuestras palabras me asombran, ¿es que tenéis acaso algo que reprocharme?

-¡Pero cómo, carroña! ¿Que si tengo algo que reprocharos? ¿Qué es lo que habéis ido a hacer esta tarde a los baños con nuestro vicario?

-¡Oh, Dios mío! -responde la dulce esposa-. ¿Sólo es eso? ¿Eso es todo lo que tienes que decirme?

-¡Cómo, diablos, que si es eso todo…!

-Pero, amigo mío, yo he seguido vuestros consejos. ¿No me dijisteis que no había nada de malo en acostarse con gente de la Iglesia, que el alma se purificaba con una intriga tan santa, que era como identificarse con el Ser supremo, hacer que el Espíritu Santo entrara dentro de uno y abrirse; en una palabra, el camino de la beatitud celestial…? Pues bien, hijo mío, yo no he hecho más que lo que me indicasteis, por lo que soy una santa y no una ramera. ¡Ah!, y os añado que si alguna de esas almas elegidas de Dios tiene medios para abrir, como vos decíais, el camino de la beatitud celestial, tiene que ser, sin duda, la del señor vicario, pues yo no había visto nunca una llave tan grande.

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damapicasLa dama de las Picas o de los tres naipes
Alexander Pushkin
Voz: Eusebio Barroso de la Iglesia
Duración 65 Minutos
Música: Butterfly Tea, Antonio Raffone
y Zero project (cc:by-sa)

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Alejandro Pushkin nació en Moscú en 1799. Se le considera uno de los más grandes narradores de la literatura rusa.
Falleció en 1839.

Imagen: San Petersburgo

La Dama de las Picas es un oscuro y misterioso relato ambientado en una Rusia aristócrata. Una trama o ardid fríamente calculada nos traslada a otra época y nos atrapa desde el primer minuto hasta el impactante desenlace final.

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Lost ChurchRomances
Compilados por Audiolibro.org
Voz: Paco Esquivias y Lola Acevedo
Duración: 25 Minutos
Música: Classiccat & MusOpen

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La Literatura medieval española se caracteriza por el uso de la rima y el ritmo,  y por poner de manifiesto temas como el amor, la guerra y la religión.

A continuación les ofrecemos de forma gratuita 2 bellos romances.

Romance: Abenamar : Lola Acevedo Diaz

El Romance de Abenámar es un poema lírico medieval incluido en el Romancero viejo (siglo XVI) que cuenta la historia de Abenámar, noble musulmán, cuando el rey Juan II le lleva antes los muros de la ciudad de Granada. Una ciudad tan bella que se personifica en una mujer…

¡Abenámar, Abenámar,  

moro de la morería,
el día que tú naciste  

grandes señales había!
Estaba la mar en calma,  

la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace  

no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro,  

bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor,  

aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro  

y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho  

mi madre me lo decía
que mentira no dijese,  

que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,  

que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,  

aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?  

¡Altos son y relucían!

—El Alhambra era, señor,

  y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,

  labrados a maravilla.
El moro que los labraba  

cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,  

otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,  

huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,  

castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,  

bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,  

contigo me casaría;
daréte en arras y dote  

a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan,  

casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene  

muy grande bien me quería.

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Romances en formato audiolibro

Romance : Romance de Fernán D’Arias : Paco Esquivias

El Romance de Fernán D’Arias es un poema épico medieval anónimo que narra la historia de Fernán D’Arias, un guerrero cristiano que luchó en la Reconquista española contra los musulmanes.

Por aquel postigo viejo
que nunca fuera cerrado
vi venir pendón bermejo
con trescientos de caballo,
en medio de los trescientos
viene un monumento armado,
y dentro del monumento
viene un cuerpo de un finado
Fernán d’Arias ha por nombre,
fijo de Arias Gonzalo.

Llorábanle cien doncellas,
todas ciento hijasdalgo;
todas eran sus parientas
en tercero y cuarto grado,
las unas le dicen primo,
otras le llaman hermano,
las otras decían tío
otras lo llaman cuñado.

Sobre todas lo lloraba
aquesa Urraca Hernando,
¡y cuán bien que la consuela
ese viejo Arias Gonzalo!:

—Calledes, hija, calledes,
calledes, Urraca Hernando,
que si un hijo me han muerto,
ahí me quedaban cuatro.

No murió por las tabernas
ni a las tablas jugando,
mas murió sobre Zamora,
vuestra honra resguardando.

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Romances

Moby Dick

mayo 8, 2009 — 1 Comentario

mobyMoby Dick
Herman Melville
Voz: Paco Segura
Duración: 4 Horas 6 Minutos
Música: Zero-project, Julie Connection,
Doc, Coelho de Moraes y BrunoXe
(cc:by-sa)
FX Audio-libro.com

Demo 1:

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Capítulo XVII:

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Moby Dick : caza final

Herman Melville nació en Nueva York en 1819.

Llevó a sus novelas la experiencia de su vida aventurera en el mar. Autor de aventuras como Taipi (1846), Mardi (1849), Bartleby, el escribiente (disponible en nuestra colección), Benito Cereno (1855) o Las Encantadas (1855).

Fallece en 1891.

MOBY DICK, The Whale, 1851

Tuvieron que pasar muchos años desde su publicación en 1851 para que Moby Dick fuera finalmente juzgada como una de las grandes obras de la literatura universal. Relato de aventuras, un tratado sobre ballenas y balleneros, y, ante todo, una compleja reflexión sobre el ser humano, simbolizada en la búsqueda de la venganza de un atormentado capitán.

Moby Dick, The Whale

Esperamos de corazón que esta magnífica adaptación sonora, ligeramente abreviada, bajo la dirección de Paco Segura sea del agrado de todos nuestros oyentes.

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Literatura norteamericana

Libros infantiles y juveniles

Moby Dick - Ilustración


tortugaLa tortuga y la argolla
Cuento oriental
Anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 2 Minutos
Música: Pamauni (cc:by-sa)
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Era un sabio tan anciano que nadie de la localidad sabía su edad. Él mismo la había olvidado, entre otras razones porque había trascendido todo apego y ambición humana. Estaba un día sentado bajo un enorme árbol banyano, la mirada perdida en el horizonte, la mente quieta como un cielo sin nubes. De repente, vio cómo un hombre joven echaba una cuerda sobre la rama de un árbol y ataba uno de sus extremos a su cuello. El sabio se dio cuenta de las intenciones del joven, corrió hacia él y le pidió que desistiese de su propósito aunque sólo fuera un par de minutos para escucharlo. El joven accedió, y ambos se sentaron junto al árbol. El anciano se expresó así:

-Voy a hacerte un ruego, querido amigo. Imagina una sola tortuga en el inmenso océano y que sólo saca la cabeza a la superficie una vez cada millón de años. Imagina un aro flotando sobre las aguas del inmenso océano. Pues más difícil aún que el que la tortuga introduzca la cabeza en el aro del agua, es haber obtenido la forma humana. Ahora, amigo, procede como creas conveniente.

Todavía cuenta la gente del lugar que aquel joven llegó a anciano y se hizo sabio.

Disfrute de las enseñanzas que ofrecen estos maravillosos cuentos.


green autumn backgroundLa leyenda de Osiris
Cuento egipcio
Anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 2 Minutos
Música: Pamauni (cc:by-sa)
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Osiris era el hijo mayor de Nut, la diosa del Cielo, y de Gueb, el dios de la Tierra. Se dice que fue el primer rey de Egipto, hasta el día en que la desgracia cayó sobre él.

Seth envidiaba a Osiris, su hermano. Durante una fiesta retó a los invitados a que entrasen en un cofre. Osiris se introdujo en él y la tapa se cerró… ¡Osiris cayó en su trampa! Y Seth hizo tirar el cofre al Nilo y se apoderó del trono.

 

Isis, la mujer de Osiris, encontró el cadáver de su esposo y lo escondió. Pero el malvado Seth se apoderó de él, cortándolo esta vez en catorce pedazos, que esparció en la corriente del Nilo.

Tras una larga búsqueda, la diosa hechicera Isis recuperó los pedazos y pacientemente los unió. Con la ayuda de Anubis, el dios de los embalsamadores, le devolvió la vida a Osiris, que se convirtió en el dios de los muertos en el Más Allá. ¡Isis jamás volvió a reunirse con su esposo en la tierra!

 

Sin embargo, hubo venganza. Su hijo Horus, el dios con cabeza de halcón, se enfrentó a Seth en terrible combate, venciendo y reconquistando el reino de su padre.

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nileEl faraón Dyoser y la crecida del Nilo
Cuento egipcio
Anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 7 Minutos
Música: Pamauni (cc:by-sa)
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Sentado en su trono, silencioso y apenado, se encontraba el faraón Dyoser.

Egipto había caído en desgracia ya que hacía siete años que la crecida del Nilo era insuficiente. No había agua suficiente para regar las tierras, y las reservas de los graneros, que hasta ahora habían permitido al pueblo alimentarse, se estaban quedando vacíos.

Los meses pasaban y la preocupación del faraón aumentaba. Su pueblo no tenía apenas con qué alimentarse, los campesinos observaban con tristeza los campos secos, los niños lloraban y los ancianos se debilitaban. Incluso los templos se cerraban por falta de ofrendas a sus dioses.

El Nilo se negaba a fecundar la tierra de Egipto. Por eso, decidió pedir ayuda a su amigo y primer ministro Imhotep, arquitecto, médico, mago y astrólogo.

-Nuestro país está sufriendo una grave situación -dijo el rey dirigiéndose a Imhotep-. Si no encontramos una solución moriremos de hambre. Hay que darse prisa y descubrir dónde nace el Nilo para saber cuál es el poder divino responsable de que suban las aguas.

Imhotep se marchó a Heliópolis, donde se encontraba el gran templo de Thot, dios de la sabiduría y protector de los escribas. Buscó entre los libros sagrados y documentos más antiguos que hablaran sobre la crecida del Nilo y volvió al palacio para informar a Dyoser.

-Eres el primer faraón que se interesa por los secretos de los caudales del Nilo -comentó Imhotep mientras desenrollaba un montón de papiros, y prosiguió-: Los textos indican que en el sur de Egipto se encuentra la isla de Elefantina. Allí apareció la luz divina cuando decidió dar vida a todos los seres. El Nilo nace en ese lugar, en dos cavernas de donde manan todas las riquezas de la tierra. Cuando lo desea, el Nilo fertiliza sus orillas.

-¿Quién vigila esas cavernas? -preguntó ansioso el faraón.

-El dios Jnum, quien modela en su torno de alfarero a todos los seres. Se encuentra en Elefantina y retiene bajo sus sandalias el caudal del río. Mientras no las levante no habrá crecida. Jnum es quien dispone las tierras fértiles del Alto y del Bajo Egipto, quien hace crecer el trigo, quien hace posible la producción de piedras en las canteras para elevar los templos. Gracias a él prosperan los animales y las plantas.

Para conseguir que Jnum liberara la crecida, Dyoser tuvo que ir a Elefantina en busca de una paleta de escriba y una cuerda de agrimensor para medir los campos. El faraón imploró los favores del dios pidiéndole la salvación de su pueblo. Pero sus plegarias no fueron atendidas. Sin embargo, decidió quedarse en la isla de Elefantina luchando hasta el final, aunque le costara la vida.

Dyoser, vencido por el cansancio, se quedó dormido, y en sus sueños se le apareció el dios Jnum. El rey alzó las manos en señal de respeto, y el dios le habló:

-Soy Jnum, el dios creador; dame un abrazo para que mi magia te proteja… ¿Qué te sucede Dyoser? ¿Por qué me llamas con tanta insistencia?

-Estoy preocupado por mi país y mi pueblo.

-¡Tienes motivos para estarlo! Te he dado numerosos materiales para que edifiques templos y construyas estatuas a los dioses y tú no lo has hecho. Tienes que restaurar los monumentos antiguos y construir otros nuevos. El pueblo de Egipto debe adorar a sus dioses y el faraón dar ejemplo. Ahora ya sabes los motivos de mi enfado.

Jnum, señor del Nilo y de la fecundidad de las tierras de Egipto, vigilaba las dos grutas que se encontraban en el santuario secreto del templo de Jnum de esta isla. De allí procedían las fuentes del Nilo. Una puerta impedía a los humanos el acceso para evitar que descubrieran el secreto e hicieran mal uso de él.

-Por ti, que eres el servidor de los dioses y de tu pueblo, abriré esta puerta dejando circular el caudal del Nilo. Regará sus orillas y sus campos se fertilizarán. Egipto prosperará -dijo Jnum, y cogiendo de la mano a Dyoser lo llevó al fondo de las dos grutas, donde el Nilo dormía en forma de serpiente debajo de sus sandalias.

-Mi maestro de obras Imhotep edificará tu templo en la isla del origen del mundo y tu santuario guardará para siempre el secreto de la crecida del Nilo -añadió el faraón.

Jnum levantó sus sandalias.

La serpiente se convirtió en un joven fuerte con la cabeza cubierta de cañas que se emergió en el agua estancada transformándola en una caudalosa riada.

Cuando Dyoser despertó, observó que el caudal del Nilo fluía con fuerza. A sus pies estaba la tabla de escriba con un texto grabado: una plegaria al dios Jnum que nunca debería olvidarse.

Ese mismo día ordenó que iniciaran las obras de construcción de un templo dedicado a Jnum. En sus muros se escribiría en jeroglíficos la plegaria para que cada año subieran las aguas del Nilo. regando sus campos y procurando la prosperidad del pueblo egipcio.

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GreenQuadrantEl nombre secreto de Ra
Cuento egipcio
Anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 3 Minutos
Música: DjJad (cc:by-sa)
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El dios-Sol Ra tiene muchos nombres, pero sólo uno es secreto: el que le da gran parte de su poder.

Isis se preguntaba cómo podría obligar al dios del Sol a revelar su nombre más secreto. Decidió esperar a que se le presentara una buena ocasión, y se puso a vigilarlo atentamente.

Cuando Ra se quedó dormido, Isis aprovechó para recoger la saliva del dios y la mezcló con un poco de tierra, con la que dio forma a una peligrosa serpiente con la intención de que mordiese al dios.

Isis colocó al animal en el camino por el que Ra iba a pasar, de modo que la serpiente lo atacó. Ra lanzó un terrible grito de dolor y el veneno de la serpiente empezó a invadir su ser, sin poder combatirlo y sin saber de dónde provenía. Los demás dioses, apenados, observaban cómo sufría.

Entonces la diosa hechicera, Isis, se acercó y le dijo: “Dime tu nombre secreto y te curaré”.

Ra comenzó a decir varios de sus nombres: “Creador del cielo y de la Tierra, Arquitecto de las montañas, Controlador de las crecidas…” Pero no llegaba nunca a decir su nombre secreto.

Era tan fuerte su dolor por la mordedura que terminó accediendo con una condición: que Isis y su hijo Horus no lo revelasen a nadie.

Isis curó a Ra mediante una fórmula mágica y aplicándole un ungüento hecho con hierbas.

Y así es como la diosa Isis consiguió ser tan poderosa como el dios-Sol Ra.

Más relatos anónimos


ojo_solEl ojo del Sol
Cuento egipcio anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 10 Minutos
Música: Pamauni (cc:by-sa)
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Ra, el rey de los dioses, sabía que su hija Hathor, cuando tenía apariencia humana, era la diosa más agraciada en virtudes. Llenaba de alegría y de encanto todos los lugares. Era la protectora de los dioses.

“El Ojo Del Sol” era el lado más negativo de la diosa Hathor. Ella adquiría muy variadas formas. Cuando se enojaba todos los dioses la temían.

Un día Ra tuvo que discutir con su hija. El Ojo Del Sol tenía muchísimos celos de los dioses que creó su padre. Éste no pudo consentir ese comportamiento tan injusto y Hathor se enfadó muchísimo y se marchó hacia Nubia, teniendo que atravesar desiertos. La diosa ya no mostraba su forma humana, tenía la apariencia de un gato salvaje o la de una leona furiosa. Cualquier criatura que se le acercase sería víctima de ella. Cazaba y mataba, vivía de ese modo.

Ra entristeció y cayó en una profunda melancolía, hasta tal punto que “ El dios Sol” ocultó su rostro y la tierra se quedó sin luz, en una profunda oscuridad.

Yo me pregunto una cosa:

-¡Ra! ¿Cómo pudo ocurrir tal cosa, tú, que eres el que envía la alegría al mundo y ahuyentas las desgracias y las penas?

Egipto estaba desconocido. Era muy cruel ver ese panorama en la tierra. ¡Qué tristeza!

Ra pidió ayuda a los dioses y le dijo a Thot, el dios más sabio, uno de mis dioses favoritos, que fuera a Nubia a convencer a Hathor para que volviera a Egipto. Thot estaba atemorizado, pues sabía que en cuanto lo viera, Hathor lo mataría. Entonces pensó que lo mejor sería adquirir la forma de un mandril para ser más insignificante.

Después de seguir los pasos de la diosa, la encontró y se acercó a ella. Thot le dio conversación haciendo referencia a Ra y recordándole que era la hija del sol, pero ella bajo la forma de gato salvaje le dijo:

-¡Dime lo que tengas que decir y muere!

Thot comenzó a contarle una historia para distraerla y a su vez para recordarle que el rey de los dioses, Ra, su padre, siempre hacía justicia. Comenzó contándole la historia de un buitre hembra que había tenido pollitos y una gata que había tenido gatitos. Ambas mamás habían hecho un pacto y habían jurado por Ra que ninguna atacaría a las crías de la otra.

Un día uno de los pollitos se escapó del nido en una de las ausencias de la madre, y al no saber volar fue a caer donde estaban los gatitos y les quitó un poco de comida. La madre gata sin pararse a pensar atacó al polluelo y lo hirió, después le dijo que se fuera.

El pequeñín no podía volar todavía porque era un pollito, pero le dijo a la gata:

-¡Has roto el pacto y Ra te lo hará pagar!

El polluelo murió. Su madre lo buscó y finalmente lo encontró en la otra montaña muerto. El buitre se dirigió enseguida hacia los gatitos y cuando estuvo ausente la gata, entonces los mató y se los llevó al nido como alimento para sus polluelos.

La gata se enfureció y le pidió a Ra vengar al buitre. El dios Sol decidió castigar a las dos mamás por haber roto el juramento que habían hecho en su nombre. Entonces ocurrió lo siguiente: El buitre vio a un cazador que se estaba asando una pierna para comérsela. Enseguida se lanzó a cogerla para llevársela a su nido como alimento, pero resulta que la carne contenía todavía brasas que estaban encendidas y éstas cayeron sobre los pollitos, muriendo éstos y sin poder hacer nada la madre por ellos.

Thot terminó de hablar y El Ojo Del Sol se quedó pensativa y recordó lo poderoso y lo justo que era su padre. Hathor había cambiado su carácter completamente. Thot le había recordado a su padre, a su hermano Shu, a su tierra “Egipto“… Y en ese momento recordó lo mucho que los hombres la adoraban.

También el más sabio de los dioses le comentaba cómo estaba Egipto sin ella: en tinieblas, triste, sin alegría…

Pero cuando más confiado estaba Thot en hacerla regresar, ésta se dio cuenta de que el mandril quería disuadirla para volver a Egipto y entonces montó en cólera por haberla hecho llorar, y se enfureció de tal manera que se convirtió en una enorme leona.

-¡En nombre de Ra, perdóname! ¡Antes de atacarme escucha la historia que te voy a contar! -dijo Thot.

Mi sabio Thot comenzó enseguida a contarle otra historia para tranquilizarla:

«Dos buitres se pasaban el tiempo discutiendo sobre cual de ellos poseía más dones:

-Yo soy capaz de… -decía uno de ellos.

-Pues yo puedo… -replicaba el otro.

De repente uno de ellos se empezó a reír y dijo :

-Si supieras lo que he visto.

-¿Qué has visto? -contestó el otro.

-Como tú ya sabes tengo una poderosa vista y he podido contemplar lo siguiente: He visto cómo una lagartija se comía una mosca. Después una serpiente se comía la lagartija y posteriormente un halcón se llevaba la serpiente, pero como ésta pesaba mucho, el halcón cayó al mar y los dos fueron comidos por un pez. Y seguidamente ha pasado un pez más grande y se ha comido al primero. El pez grande se había acercado a la orilla del mar y había sido capturado por un león. Después apareció una criatura extraña, mitad león y mitad águila, y se lo ha llevado a su nido para comérselo.

Uno de ellos dijo:

-Seguramente que esa criatura extraña es un mensajero de Ra. Los que matan mueren. Y no hay nada que se pueda comparar con la justicia del rey de los dioses.»

Thot le dijo a El Ojo Del Sol:

-Tu propio padre es quien da bien por bien y mal por mal.

En ese momento la diosa se sintió muy orgullosa de su padre y le dijo al mandril:

-No te preocupes que no te voy a matar.

El sabio Thot emprendió el viaje hacia Egipto acompañado por el gato salvaje (la diosa). Como no se fiaba todavía de ella comenzó a contarle otra historia:

-“Dos chacales que vivían en el desierto…”

Cuando terminó de contarle la historia le dijo:

-Como me has perdonado la vida yo te protegeré durante todo el camino.

La diosa se empezó a reír y le dijo que El Ojo Del Sol no necesitaba su protección, pues el mandril era mucho más débil que ella.

El mandril, es decir, Thot, comenzó a hablar:

-Te voy a recordar una historia: «Trata de un león que buscaba desesperadamente al hombre para matarlo. El león pensaba que él era el más fuerte. Se había enfurecido pensando que una criatura que no conocía, “el hombre”, pudiera con una pantera que se había encontrado medio muerta. Con un león y con varias criaturas que se habían cruzado por el camino y que habían sido víctimas del hombre. Con lo que no contaba el león era con el arma más poderosa del hombre: ”la astucia”. En su búsqueda desesperada se encontró con un ratoncillo, y éste le dijo:

-Oiga, por favor, no me aplaste. Si me aplasta para luego comerme, no le va ha merecer la pena, pues soy tan diminuto que no le voy a saber a nada. Dejándome en libertad algún día le devolveré el favor.

El león no lo mató y se fue riéndose a carcajadas.

-Un ratoncillo ayudarme a mí, ja, ja,ja -dijo el león.

Al poco tiempo sucedió que el león fue a caer en una trampa que había preparado el hombre. El león cayó en un agujero que estaba tapado con ramas, y éste había quedado atrapado en una red. Quedaba poco tiempo para que el hombre lo matara. A media noche pasó el ratoncillo por allí y enseguida ayudó al león para que éste pudiera escapar. El diminuto animal comenzó a roer todas las redes, todas las cuerdas. Y el león se fue lejos de aquel lugar, donde no le pudiese atrapar el hombre. Pero la experiencia le hizo comprender que un ser más débil puede ayudar al que tiene más fuerza.»

Hathor lo escuchó y comenzó a tenerle mucho más respeto al mandril.

En El-Kab, al pasar la frontera de Egipto, Hathor tomó la apariencia de un buitre, y en el siguiente pueblo volvió a cambiar de aspecto. Hasta acercarse a Tebas, allí adquirió la apariencia de un gato salvaje.

Todo Egipto estaba pendiente del regreso de su bella diosa. También estaban los enemigos de Ra, y mientras Hathor dormía, una serpiente venenosa se le acercó, pero Thot, que estaba vigilante, avisó a su diosa y ésta saltó como una fiera hacia la serpiente y la mató.

Hathor recordó la historia del ratón y el león y se fue dándole las gracias a su amigo el mandril.

Al llegar a Tebas por la mañana se transformó en una bella mujer, llena de bondad y alegría, como ella era. La bella Hathor se juntó con su padre en la ciudad sagrada de Heliópolis y se dieron un fuerte abrazo. Todo Egipto saltó de alegría. Thot volvió a mostrar su apariencia normal y la diosa lo reconoció.

Ra agradeció a Thot el regreso de El Ojo Del Sol y formaron una gran fiesta.

Como se puede ver, Thot tenía una gran sabiduría.

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creacionmundoEl nacimiento de los dioses (Creación del universo)
Cuento egipcio anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 2 Minutos
Música: Pamauni (cc:by-sa)
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EL NACIMIENTO DE LOS DIOSES

Al principio, en medio de las tinieblas, sólo existía un océano infinito de aguas inmóviles, el cual se llamaba Nun. Y así, de este océano, emerge Amón-Ra, el dios del Sol, sin padre ni madre. Ha nacido del océano. Ha nacido el primer dios.

Aparece en la cima de una colina saliendo de Nun y escupe a Shu, dios del aire, y a Tefnut, diosa de la humedad. Y juntos engendran a Gueb, el dios de la tierra, y a Nut, la diosa del cielo… Y Gueb y Nut dan nacimiento a los demás dioses egipcios.

De esta forma, nace el universo.

Pero el océano Nun no desaparece, sino que rodea el cielo. Ante esto, los egipcios temen que se vierta sobre la tierra inundándola. Por eso, ante este miedo que provoca esta situación, representan este océano con la forma de un lago sagrado junto a sus templos.

EL NACIMIENTO DE LOS HOMBRES

Una vez que el universo está en su lugar, deben nacer los hombres, que después serán faraones.

Los egipcios consideraron como creador de los hombres al dios con forma de carnero llamado Jnum. En su torno de alfarero fue modelando el cuerpo humano, y también su alma, preocupándose especialmente en formar a los futuros faraones, y darle su ka, es decir, su energía vital.

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Grandes enseñanzas : Otros audio cuentos egipcios


esencialLo esencial y lo trivial
Cuento oriental anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 2 Minutos
Música: Pamauni (cc:by-sa)
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Un hombre se perdió en el desierto. Estaba a punto de perecer de sed cuando aparecieron algunas mujeres que venían en una caravana. El hombre, al borde de la muerte, gritó pidiendo auxilio. Cuando las mujeres se aproximaron a él y lo rodearon, pidió urgentemente agua. Las mujeres empezaron a mirarlo con detenimiento y comenzaron a preguntarse cómo querría el hombre que le sirvieran el agua.

¿Prefería en copa de cristal o en una taza?, ¿en un recipiente de oro o de plata?, ¿tal vez en una jarra?

Ellas hablaban y hablaban interesándose por el objeto, pero, entretanto, el hombre iba agonizando por la ausencia de agua.

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ojos_verdes

Los ojos verdes

Leyenda
Gustavo Adolfo Bécquer
Voz: María Teresa Ramírez García
Duración: 23 Minutos

Música: Carlos & Miguel, Gregoire Lourme y Doc (cc:by-sa)

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Precio de la descarga: 2 Euros

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Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este título. Hoy, que se me ha presentado ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma.
Yo creo que he visto unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero yo los he visto. De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día…

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Imagen: Ojos verdes - leyenda

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faraonEl faraón Esnofrú y la joya perdida
Cuento egipcio
Anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 5 Minutos
Música: Pamauni (cc:by-sa)
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Esnofru procuraba siempre que no le faltara alimento a su pueblo y sus campos siempre eran fértiles. Por eso era muy querido en Egipto.

Una calurosa tarde de verano, antes de reunirse con los sacerdotes para preparar la gran fiesta de año nuevo, el faraón Esnofru pensó en distraerse un rato. Preguntó por los músicos de palacio, pero éstos descansaban para el concierto de la noche. Buscó al mejor jugador de ajedrez del reino, pero había regresado al Sur. ¿Qué podía hacer ahora el faraón para divertirse?

Entonces pidió que buscaran al jefe de los magos Dyadyaemanj. Y así, se presentó haciendo una reverencia ante el faraón:

-¿Para qué necesita mis servicios el Señor de Egipto? -preguntó el mago.

-¿Qué entretenimiento me aconsejas? -contestó el rey.

El mago le propuso un paseo en barca acompañado de las mujeres más hermosas de palacio. Mientras ellas remaban, el faraón podría contemplarlas rodeadas de un hermoso paisaje lleno de frondosos papiros y verdes riberas.

El faraón Esnofru sonrió satisfecho y ordenó que prepararan la barca más bonita.

Esnofru, vestido con un sencillo faldellín blanco, esperaba en el embarcadero cuando vio llegar a veinte jovencitas de cabellos trenzados y ligeros vestidos. Se fijó en una que llevaba un colgante de turquesas con forma de pez, quien bajando los ojos se dirigió al faraón:

-Majestad, estamos listas.

Subieron a la barca y comenzaron a mover los hermosos remos de madera de ébano chapada en oro. Esnofru miraba a la remera principal, la muchacha del colgante, pues era la más bella de todas. El rey se sentía feliz, olvidando por un rato sus problemas. ¡Qué razón tenía el mago!

Pero… de repente, escucharon un sonido extraño. Algo se había caído al agua. Las muchachas dejaron de remar ante el lamento de la remera principal que decía angustiada:

-¡Qué desgracia! Se ha caído mi colgante de turquesas al fondo del lago. ¡Era mi tesoro más preciado!

El faraón le ofreció una nueva joya, pero ella insistió en el valor que tenía su colgante puesto que se la había regalado su novio. Cuatro de las remeras se lanzaron al agua sin encontrarla, y Esnofru decidió regresar al palacio: “¿No es mi deber hacer felices a mis súbditos?”, pensó. El mago encontraría una solución.

Esnofru entró en el laboratorio del mago agradeciéndole su estupenda idea. Le contó la pérdida de la joya de la remera principal, pidiéndole su ayuda para recuperarla. El mago buscó en los libros de magia sin obtener resultados. Y fue en la Casa de la Vida donde a través de la lectura de unos jeroglíficos encontraron una solución.

Volvieron al lugar donde se había perdido el colgante de turquesas, mientras el sacerdote y mago Dyadyaemanj leía una antigua fórmula transmitida de sabio a sabio. Todos estaban en silencio. El mago se puso en pie y fijando sus ojos en la superficie del lago, extendió los brazos. Pero no tuvieron miedo porque junto al faraón nada podía pasarles. Las aguas se separaron en dos, y en el fondo, sin agua, brillaba la joya de turquesas. El mago bajó a recogerla y se la entregó a la joven. De nuevo las aguas volvieron a su sitio por orden del mago, y continuaron navegando felizmente sobre la superficie del lago.

La noticia se extendió por todo Egipto y más allá de sus fronteras. ¡La magia del faraón podía hacer milagros!

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LuxorIsis y los 7 escorpiones
Cuento egipcio anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 3 Minutos
Música: DjJad (cc:by-sa)
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El malvado dios Seth desconocía que Osiris e Isis tuvieron un hijo llamado Horus. Isis y Horus se escondían cuando Seth los encontró y los encerró.

Cuando caía la tarde y con la ayuda de Thot, dios de la justicia y la verdad en la tierra y el cielo, escaparon de su prisión. Durante su viaje envió siete escorpiones mágicos para guiarles y protegerles.

Tras un largo viaje por la Tierra de Egipto, llegaron a Per-Sui, ciudad donde se venera al cocodrilo. Isis y su hijo llegaron muy fatigados y con ganas de descansar. Vieron una casa cercana a las marismas donde, en la puerta, se encontraba una mujer muy rica llamada Usert. Pero al ver los siete escorpiones que los acompañaban, se negó a ayudarlos y les cerró la puerta de su casa, aunque al final encontraron donde descansar, pues una mujer pobre los albergó amablemente en su casa.

Los escorpiones, a pesar de todo, estaban muy enfadados por la actitud de la mujer rica, y decidieron darle una lección por su falta de caridad. Le dieron todo su veneno a su jefe, Tefen, quien entró en la casa de la mujer rica y de este modo picó a su hijo que estaba durmiendo. La mujer comenzó a llorar pidiendo ayuda, pero nadie acudía a socorrerla. Sin embargo, la diosa Isis salió corriendo a ayudarla. Cogió en brazos a su niño y ordenó al veneno mortal mediante sus palabras que saliera de su pequeño cuerpo, y de este modo se salvó de la muerte.

La mujer de nombre Usert se dio cuenta de que Isis, la Señora de la Magia, a quien antes sin consideración ninguna había negado hospedar, había salvado la vida de su hijo. Sentía tales remordimientos que ofreció toda su fortuna a Isis y a la mujer pobre de las marismas que ofreció su casa sin temor alguno.

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Más cuentos egipcios


BlueElectricSwirlLa verdad, ¿es la verdad?
Cuento oriental
Anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 4 minutos
Música: Romni (cc:by-sa)
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El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver esta última interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Solo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.

-Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.

-He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.

-La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.

-A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?

-Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:

-De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.

El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: “Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”.

Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:

-¿Adónde vas?

-Voy camino de la horca para que puedan ahorcarme -repuso sereno el eremita.

El capitán aseveró:

-No lo creo.

-Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.

-Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.

-Así es -afirmó el ermitaño-.

Ahora usted sabe lo que es la verdad… ¡Su verdad!

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Cuentos orientales


organMaese Pérez el organista
Leyenda
Gustavo Adolfo Bécquer
Voz: María Teresa Ramírez García
Duración: 42 Minutos
Música: Classiccat, Evan, Windpearl
(cc:by-sa)
FX : Audiolibro.org

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Precio de la descarga: 2 Euros

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Tenemos el placer de presentar nuestra adaptación en formato audiolibro con una cuidada ambientación sonora de una de las leyendas más espectaculares de Gustavo Adolfo Bécquer, la leyenda del ciego anciano Maese Pérez, el organista de la iglesia de Santa Inés de Sevilla cuya forma de interpretar en el órgano no es comparable con ningún otro organista de este mundo. Humano y bondadoso ayuda a los más necesitados sabiendo que un día tendrá la ocasión de estar en presencia de Dios. Pero un día todo cambió…

«¿En qué consiste que el órgano de maese Pérez suena ahora tan mal? -¿Y el alma del organista

Imagen Interior convento de Santa Inés

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