Archivos para November 30, 1999


Los ladrones de cadaveresLos ladrones de cadáveres
Robert Louis Stevenson
Voz: Carlos Alberto Lara Carranza
Duración: 60 Minutos
FX: Audio-Libro.com
Terror y Misterio
Música: Nangilima (cc:by-sa)

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Robert L. Stevenson nació en Edimburgo en 1850. Está considerado como uno de los novelistas ingleses del siglo XIX de mayor sensibilidad. Es autor de novelas tan famosas como La isla de tesoro, El diablo de la botella, Los hombres dichosos, Olalla o el hombre y El monstruo.
Apasiona al lector o al oyente debido a su gran fuerza narrativa.
Murió en Samoa, en 1894, enfermo de tuberculosis.

R.L. Stevenson

Los ladrones de cadáveres (The Body Snatcher), publicado en 1884, narra la tenebrosa y oscura historia de un estudiante de medicina inglés llamado Fettes que junto a su amigo, el doctor Macfralane, se verán inmersos en una espantosa trama basada en la profanación de cementerios, de los cuales, obtendrá cadáveres para su estudio a cualquier precio.

Este relato nos hace reflexionar sobre temas tan delicados como la ética médica, la muerte y la desesperación, y es considerado como uno de los cuentos de terror más influyentes de la literatura universal. Stevenson utiliza una prosa oscura y evocadora para crear una atmósfera inquietante y tensa, que mantiene al lector en vilo hasta el final de la historia.

Los ladrones de cadáveres es una obra maestra del género de terror.

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El milagro de San AntonioEl milagro de San Antonio
Audiolibro

Vicente Blasco Ibáñez
Voz: Carlos Alberto Lara Carranza
Duración: 21 Minutos
Música: Aeon (cc:by-sa)

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Don Vicente Blasco Ibáñez nació en Valencia el 29 de enero de 1867. Escritor, periodista y político; muere en Francia en 1928.

Fue uno de los más grandes exponentes del Naturalismo literario. Sus obras más importantes son: Cañas y barros, El caballero de la Virgen, Entre naranjos, Los cuatro jinetes del Apocalipsis y Sangre y Arena.

Imagen de Blasco Ibañez

El Milagro de San Antonio es uno de los mejores cuentos valencianos de Blasco Ibáñez sobre el amor y las creencias religiones en nuestro país. Con exquisita dulzura, el autor nos enamorará con una tierna historia de amor que contará con el celestial apoyo del propio San Antonio para ayudar a un pareja a reencontrase.

Esperamos que esta versión en formato Audiolibro sea del agrado de todas y todos.

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Gato negro

mayo 3, 2009 — 2 comentarios

gato_negroGato negro
Edgar Allan Poe
Voz: Rafael Oñate Regojo
Duración: 26 Minutos
Música: Apo & JcW (cc:by-sa)
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Edgar Allan Poe, poeta, escritor, periodista y crítico literario. Nació en Boston en 1809 y murió un 7 de octubre de 1849. Sufrió una vida turbulenta marcada por la depresión y el alcoholismo que mezcló con tintes de genialidad literaria. Los cuentos, novelas, ensayos y críticas de Poe son una mezcla de lucidez, psicología y fantasía; una asimilación de cultura popular y científica. Su obra marcó un hito en la Literatura Universal y su influencia se extiende a escritores como Charles de Boudelaire, Franz Kafka, Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, Thomas Mann, Jorge Luis Borges o Julio Cortázar.

Ilustración antigua

El Gato Negro es un perfecto representante de los cuentos maestros de Poe. Con sus relatos cortos el escritor estadounidense renovó las bases literarias del género. En ellos prima la imaginación, por encima de cualquier otro valor, propiciando la aparición de elementos fantásticos. El horror se combina con la psicología, creando una angustia in crescendo, porque, además, la intensidad narrativa es la norma: todo vocablo lleva al acontecimiento. Junto a Chejov, se le considera el padre de la creación del concepto de “atmósfera” en el cuento. Gato Negro refleja una sutil y solitaria demencia del narrador.

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Otros audiolibros de Poe

El fantasma

mayo 3, 2009 — Deja un comentario

fantasmaEl fantasma
Juan del Páramo
Voz: María Teresa Ramírez García
Duración: 7 Minutos
Música: OpenMus
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Seudónimo del autor: Juan del Páramo.
Nombre del autor: Jonathan Alexander España Eraso.
Introducción: Víctor Hugo.

Primer audiolibro de nuestra colección.

Texto

Quienquiera que tú seas, teme, en esa honda sima,
El roce de los vagos pasajeros del sueño…
¡Oh! ¡Los soplos! ¡Temed los soplos de la noche!
¿Adónde os arrebatan? Los cautivos de un sueño
se hacen sueño ellos mismos y caen, fatalmente,
en el enjambre negro de los rostros etéreos.
Víctor Hugo.

El cigarrillo dibuja la muerte y él también la dibuja, convirtiendo a aquella pasión en la solitaria soledad de su aposento.

Todo se muere: la rosa, el amor, los humores, tu rostro, la vida, el olvido, la muerte; también esta palabra se muere, su lectura, su ruido; solo queda un recurso: convertir a la muerte en pasión. Entre deseos y paredes, la silla crepita y ese es el único sonido que interrumpe el silencio; Un hombre imagina fantasmas viviendo dentro del closet y sonríe sin darse cuenta ante el último vestigio de los miedos de la niñez.

Él dibuja ventanas en todas partes, en los muros más altos y en los muros más bajos, en la paredes deformes, en los rincones, en el cielo y hasta en el piso y los techos; dibuja ventanas como si dibujara pájaros o montañas, en el día, en la noche, en las miradas y en los ojos de los fantasmas; habla de diversos ojos: ojos mortecinos e hinchados de noctámbulos, ojos falsos y ojerosos, ojos entornados casi expirantes entre los párpados enrojecidos por el llanto, ojos lagañosos por la enfermedad… todos los ojos de los fantasmas he visto en torno mío –comentó alguna vez- y para él los fantasmas eran solo ojos separados de todo, que se movían aquí y allá, dentro y fuera del closet para mirarlo. Pero él seguía incesante en su tarea, dibujando ventanas en los alrededores de la muerte, en las tumbas y los árboles; dibujaba ventanas en las puertas, pero nunca dibujó
una puerta; no quería entrar ni salir de su aposento, sabía que no se podía, solamente quería ver: ver, porque también era un fantasma y dibujaba ventanas en todas partes.

Cierta noche se acercó a la ventana que dibujó en la pared de su morada, daba a la calle; aquella ventana le mostraba luces tenues que rompían la oscuridad, pero que no eran suficientes para advertir si los peatones siguen deambulando o si está sola también su mirada, palpablemente sorda allá afuera: ¿por qué le pesará tanto la vida a veces, si es un fantasma?

Se acerca más a la ventana, la abre y un par de gotas logran alcanzarlo -es sabido que la noche cálida augura lluvia-. Ahora los árboles, los autos, las casas y la calle adquieren el brillo del agua, parece que todo estuviera plastificado o cristalizado; la quietud del paisaje es una certeza; solo algunas hojas se atreven a moverse y el agua, claro.

Bajo la luz que chorrea una columna de alumbrado, una mujer llama su atención, llama su mirada, su mirada de fantasma. El cuerpo preparado para un salto, los brazos extendidos como si un cisne estuviera a punto de emprender el vuelo, las palmas hacia arriba como si no quisiera que se le escapase la lluvia. Lleva un vestido suave o eso adivina por el modo en que se le adhiere al cuerpo; no ve la expresión de la cara pero habrá una sonrisa húmeda y unos ojos llenos de ensueño. Y él que no puede apartar su ciega y fría mirada de lo único vivo de la calle. Esa imagen, esa mujer, forma una simbiosis con el agua y con él mismo, que se pone bajo su piel sintiendo cada gota golpear y erizar su suavidad mientras resbala por el cuello y es absorbida y empapada en el escote. La recorre, porque él también es lluvia en la noche, él también la toca con la mirada y empapa su vestido.

Lucres Raras

 

La razón fantasma le grita que está loco, fantasma (fantasma loco), pero qué importa la cordura fantasmal si por primera vez la pasión puede adueñarse por un instante de la belleza, de la dibujada re-creación.

Y ahí, en medio del silencio de su aposento, los fantasmas salen con libertad del closet mientras un hombre-fantasma mira cómo se desdobla y danza en el cuerpo de una mujer, bajo una noche mojada.

Un grito desgarra la noche y se silencia con la frenada violenta de un camión encendido hasta el techo con luces de una ciudad entera de neones, el aposento está mojado, el cuerpo aún está tibio, sus ojos recién comienzan a cerrarse; un manto negro se adueña de la última mirada desdibujada, los vestigios fantasmales empiezan a renacer nuevamente en el closet…

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fabricante_ataudesEl fabricante de ataúdes
Alexander Pushkin
Voz: Carlos Alberto Lara Carranza
Duración: 22 Minutos
Música: Dreamerion, Gregoire Lourme &
Matthew Tyas (cc:by-sa)
FX: Audiolibro.org

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Todos los audiolibros de Alexander Pushkin

El fabricante de ataúdes es un relato de terror y misterio de Alexander Pushkin.

Imagen: Fabricantes de ataúdes

Pocos audiolibros consiguen una atmósfera tan terrorífica y agobiante como la que aquí les presentamos. Esperamos que disfruten con su reiterada escucha.

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Audiolibros de terror.

Literatura rusa


brazaletesLos brazaletes de oro
Cuento oriental
Anónimo
Voz: Susana Fernández Lázaro
Duración: 3 Minutos
Música: Pamauni (cc:by-sa)
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Había una mujer que, a fuerza de una actitud recta y perseverante, había obtenido grandes logros espirituales. Aunque desposada, siempre hallaba tiempo para conectar con su Realidad primordial. Desde niña, había lucido en las muñecas brazaletes de cristal. La vida se iba consumiendo inexorablemente, como el rocío se derrite cuando brotan los primeros rayos del sol. Ya no era joven, y las arrugas dejaban sus huellas indelebles en su rostro. ¿Acaso en todo encuentro no está ya presente la separación?

Un día, su amado esposo fue tocado por la dama de la muerte y su cuerpo quedó tan frío como los cantos rodados del riachuelo en el que hacía sus abluciones. Cuando el cadáver fue incinerado, la mujer se despojó de los brazaletes de cristal y se colocó unos de oro. La gente del pueblo no pudo por menos que sorprenderse. ¿A qué venía ahora ese cambio? ¿Por qué en tan dolorosos momentos abandonaba los brazaletes de cristal y tomaba los de oro?

Algunas personas fueron hasta su casa y le preguntaron la razón de ese proceder. La mujer hizo pasar a los visitantes. Parsimoniosamente, con la paz propia de aquel que comprende y acepta el devenir de los acontecimientos, preparó un sabroso té especiado.

Mientras los invitados saboreaban el líquido humeante, la mujer dijo:

-¿Por qué se sorprenden? Antes, mi marido era tan frágil como los brazaletes de cristal, pero ahora él es fuerte y permanente como estos brazaletes de oro.

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Más Cuentos orientales en audio


BackgroundLa creación-Poema indio
Leyenda
Gustavo Adolfo Bécquer
Voz: María Teresa Rámírez García
Duración: 15 Minutos
Música: Tom Fahy (cc:by-sa)

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20 Pistas

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Los aéreos picos del Himalaya se coronan de nieblas oscuras en cuyo seno hierve el rayo, y sobre las llanuras que se extienden a sus pies flotan nubes de ópalo, que derraman sobre las flores un rocío de perlas.

 Ilustración con el Himlaya de fondo

Sobre la onda pura del Ganges se mece la simbólica flor del loto, y en la ribera aguarda su víctima el cocodrilo, verde como las hojas de las plantas acuáticas, que lo esconden a los ojos del viajero.

En las selvas del Indostán hay árboles gigantescos, cuyas ramas ofrecen un pabellón al cansado peregrino, y otros cuya sombra letal lo llevan desde el sueño a la muerte.

El amor es un caos de luz y de tinieblas; la mujer, una amalgama de perjurios y ternura; el hombre un abismo de grandeza y pequeñez; la vida, en fin, puede compararse a una larga cadena con eslabones de hierro y de oro…

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Audiolibros de literatura española


obispoCuentos y fábulas
Un obispo en el atolladero
Marqués de Sade
Voz: Carlos Alberto Lara Carranza
Duración: 3 Minutos
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Resulta bastante curiosa la idea que algunas personas piadosas tienen de las blasfemias. Creen que ciertas letras del alfabeto, ordenadas de una forma o de otra, pueden, en uno de esos sentidos, lo mismo agradar infinitamente al Eterno como, dispuestas en otro, ultrajarle de la forma más horrible, y sin lugar a dudas ese es uno de los más arraigados prejuicios que ofuscan a la gente devota.

A la categoría de las personas escrupulosas en lo que respecta a las “b” y a las “f” pertenecía un anciano obispo de Mirepoix, que a comienzos de este siglo pasaba por ser un santo. Cuando un día iba a ver al obispo de Pamiers, su carroza se atascó en los horribles caminos que separan esas dos ciudades: por más que lo intentaron los caballos no podían hacer más.

-Monseñor -exclamó al fin el cochero, a punto de estallar-, mientras permanezcas ahí mis caballos no podrán dar un paso.

-¿Y por qué no? -contestó el obispo.

-Porque es absolutamente necesario que yo suelte una blasfemia y Vuestra Ilustrísima se opone a ello; así, pues, haremos noche aquí si no me lo permite.

-Bueno, bueno -contestó el obispo, zalamero, santiguándose-, blasfema, pues, hijo mío, pero lo menos posible.

El cochero blasfema, los caballos arrancan, monseñor sube de nuevo… y llegan sin novedad.

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Audiolibros eróticos


Blue Sky DayQue me engañen siempre así
Cuentos y fábulas
Marqués de Sade
Voz: Carlos Alberto Lara Carranza
Duración: 3 Minutos
Música: Classiccat
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Hay pocos seres en el mundo tan libertinos como el cardenal de…, cuyo nombre, teniendo en cuenta su to­davía sana y vigorosa existencia, me permitiréis que ca­lle. Su Eminencia tiene concertado un arreglo, en Roma, con una de esas mujeres cuya servicial profesión es la de proporcionar a los libertinos el material que necesi­tan como sustento de sus pasiones; todas las mañanas le lleva una muchachita de trece o catorce años, todo lo más, pero con la que monseñor no goza más que de esa incongruente manera que hace, por lo general, las deli­cias de los italianos, gracias a lo cual la vestal sale de las manos de Su Ilustrísima poco más o menos tan vir­gen como llegó a ellas, y puede ser revendida otra vez como doncella a algún libertino más decente. A aquella matrona, que se conocía perfectamente las máximas del cardenal, no hallando un día a mano el material que se había comprometido a suministrar diariamente, se le ocu­rrió hacer vestir de niña a un guapísimo niño del coro de la iglesia del jefe de los apóstoles; le peinaron, le pusie­ron una cofia, unas enaguas y todos los atavíos necesa­rios para convencer al santo hombre de Dios. No le pu­dieron prestar, sin embargo, lo que le habría asegurado verdaderamente un parecido perfecto con el sexo al que tenía que suplantar, pero este detalle preocupaba poquí­simo a la alcahueta… «En su vida ha puesto la mano en ese sitio -comentaba ésta a la compañera que la ayu­daba en la superchería-; sin ninguna duda explorará única y exclusivamente aquello que hace a este niño igual a todas las niñas del universo; así, pues, no tenemos nada que temer…»
Pero la comadre se equivocaba. Ignoraba sin duda que un cardenal italiano tiene un tacto demasiado delicado y un paladar demasiado exquisito como para equivocarse en cosas semejantes; comparece la víctima, el gran sa­cerdote la inmola, pero a la tercera sacudida:
-¡Per Dio santo! -exclama el hombre de Dios-. ¡Sono ingannato, quésto bambino è ragazzo, mai non fu putana!
Y lo comprueba… No viendo nada, sin embargo, ex­cesivamente enojoso en esta aventura para un habitante de la ciudad santa, Su Eminencia sigue su camino diciendo tal vez como aquel campesino al que le sirvieron trufas en lugar de patatas: «¡Qué me engañen siempre así!» Pero cuando la operación ha terminado:
-Señora -dice a la dueña-, no os culpo por vues­tro error.
-Perdonad, monseñor.
-No, no, os repito, no os culpo por ello, pero si esto os vuelve a suceder no dejéis de advertírmelo, porque… lo que no vea al principio lo descubriré más adelante.

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Todos los audiolibros del Marqués de Sade


castanoCuentos y fábulas
La flor del castaño
Marqués de Sade
Voz: Carlos Alberto Lara Carranza
Duración: 3 Minutos
Música: Classiccat
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Se supone, yo no lo afirmaria, pero algunos eruditos nos lo aseguran, que la flor del castaño posee efectivamente el mismo olor que ese prolífico semen que la naturaleza tuvo a bien colocar en los riñones del hombre para la reproducción de sus semejantes.

Una tierna damisela, de unos quince años de edad, que jamás había salido de la casa paterna, se paseaba un día con su madre y con un presumido clérigo por la alameda de castaños que con la fragancia de las flores embalsamaban el aire con el sospechoso aroma que acabamos de tomarnos la libertad de mencionar.

-¡Oh! Dios mío, mamá, ese extraño olor- dice la jovencita a su madre sin darse cuenta de dónde procedía-. ¿Lo oléis, mamá … ? Es un olor que conozco.

-Callaos, señorita, no digáis esas cosas, os lo ruego.

-¿Y por qué no, mamá? No veo que haya nada de malo en deciros que ese olor no me resulta desconocido y de eso ya no me cabe la menor duda.

-Pero, señorita…

-Pero, mamá, os repito que lo conozco: padre, os ruego que me digáis qué mal hago al asegurarle a mamá que conozco ese olor.

-Señorita -responde el eclesiástico, acariciándose la papada y aflautando la voz-, no es que haya hecho ningún mal exactamente; pero es que aquí nos hallamos bajo unos castaños y nosotros los naturalistas admitimos, en botánica, que la flor del castaño…

-¿Que la flor del castaño … ?

-Pues bien, señorita, que huele como cuando se eyacula.

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Más Literatura erótica

Crimen libre

mayo 2, 2009 — Deja un comentario

crimen_libreCrimen Libre
Emilia Pardo Bazán
Voz: Mercedes Castro
Duración: 19 Minutos
Música: Gregoire Lourme y Antonio Raffonne (cc:by-sa)

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Emilia Pardo Bazán nace en La Coruña en 1851 y  muere en Madrid en 1921. Precursora del Naturalismo española destaca por sus novelas, ensayos y críticas literarias.

Imagen: Crimen Libre

Crimen Libre es un auténtico relato policíaco narrado con mucho mimo y sensibilidad, con un toque de elegancia y distinción insuperables que hace que cada de una de las piezas del puzle encaje con precisión quirúrgica.

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buenas_hadas

Cocos y hadas : Las buenas hadas
Julia de Asensi
Voz: Carlos Alberto Lara Carranza
Duración: 15 Minutos
Música: Classiccat

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Otra entrega de nuestra colección Cocos y Hadas. Un magistral cuento de hadas con un estilo propio muy particular como todo el trabajo de nuestra admirada Julia de Asensi. Entrañable y a la vez «terrorífico».

Cocos y Hadas : Cuentos

Julia de Asensi y Laiglesia nació en Madrid el 4 de mayo. Fue escritora, periodista y traductora española.
Destaca por su didáctica infantil y juvenil que representa de una forma próxima al Romanticismo.

Muere en 1921.

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Todos los audiolibros de Julia de Asensi

Canción de navidad

mayo 1, 2009 — 1 Comentario

Canción de NavidadCanción de Navidad
Cuento de Navidad (A Christmas Carol)
Charles Dickens
Voz: Paco Segura
Duración: 3 Horas
Música: BrunoXe, Piotr Pawlowski, Pol B Binarymind & Tom Fahy (cc:by-sa)
FX: Audio-libro.com

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Dickens nació en Portsmouth en 1812 y murió en Gadshill, Rochester en 1870. Al principio de su carrera se dedicó al periodismo hasta convertirse en un gran novelista. Destacan novelas como Historia de dos ciudadesDavid Copperfield, Oliver Twist o Los Papeles póstumos del Club Pickwick.

Charles Dickens

Terror

Literatura inglesa

Canción de Navidad, A Christmas Carol, escrito en 1843, se trata de un exquisito relato, me atrevo a decir, de obligada lectura o escucha, que gustará a todo el mundo, mayores y pequeños. En él se cuenta la historia de una ingrato avaro que gracias a la visita de un fantasma en Nochebuena terminará por comprender y fomentar el espíritu navideño.

Seguro que esta magistral interpretación de Paco Segura será de vuestro agrado.

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Image : Del original : Canción de Navidad


camaraLa Cámara de los tapices
Walter Scott
Voz: Paco Esquivias
Duración: 40 Minutos

Música: Gregoire Lourme (cc:by-sa)
FX : Audio-libro.com

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Walter Scott nació en Edimburgo (Escocia) en 1771. Fue el principal y más típico representante del romanticismo inglés. Creador de la novela histórica. Falleció en 1832.

La cámara de los tapices narra la historia de un oficial británico de regreso a su patria tras la fallida guerra americana. La historia comienza cuando el general Browne decide visitar un castillo medieval en el que pasará una noche espeluznante dentro de su aislado y frío alojamiento…

Una historia de fantasmas.

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Literatura escocesa

Romanticismo

Terror

Caperucita Roja

abril 30, 2009 — Deja un comentario

caperucita_rojaCaperucita Roja
Charles Perrault
Voz: Paloma Martínez Muñoz
Duración: 6 Minutos
Música: MusOpen
Montaje y edición: JuanBeat

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Caperucita Roja [Le Petit Chaperon rouge (francés); Rotkäppchen (alemán)] es probablemente el cuento de hadas con más versiones y adaptaciones de la historia de la literatura. Y es que un argumento sencillo que gira alrededor de una niña y un lobo feroz da mucho de sí.

Cuadro con Caperucita Roja

Charles Perrault nace en París en 1628 y muere en 1703.

Autor de obras históricas, algunas olvidadas; debe su celebridad a sus deliciosos Cuentos: La Bella durmientePulgarcitoEl gato con botas o Barba Azul.

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denmnarkLos vestidos nuevos del emperador
o: El traje nuevo del Emperador o El rey desnudo
Hans Christian Andersen
Voz: Paco Segura
Duración: 11 Minutos
Música: BrunoXe (cc:by-sa)
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Los vestidos nuevos del emperador o El traje nuevo del emperador es un cuento de hadas danés escrito por Hans Christian Andersen y publicado en 1837 como parte de Eventyr, Fortalte for Børn (Cuentos de hadas contados para niños).

Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.

No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”.

La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.

Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.

«Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.

«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».

El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. «¡Dios nos ampare! -pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas-. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.

Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. «¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».

-¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.

-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.

-Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.

Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.

Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.

-¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.

«Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.

-¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador.

Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.

-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.

«¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».

-¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.

Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: -¡oh, qué bonito!-, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.

El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.

Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo!

Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:

-Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto… Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela.

-¡Sí! -asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.

-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?

Quitose el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.

-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!

-El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle – anunció el maestro de Ceremonias.

-Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? – y volviose una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.

Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:

-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!

Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

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artista_hambreEl artista del hambre
Franz Kafka
Voz: Carlos Alberto Lara Carranza
Duración: 30 Minutos
Música: B-Wayne (cc:by-sa)
Literatura del absurdo

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Franz Kafka nació en Praga en 1883; enfermó de tuberculosis muy joven.

Con Kafka empieza verdaderamente la narrativa moderna. Ya no se trata de emplear un lenguaje novedoso y brillante, sino de algo más importante todavía, Crear un mundo nuevo, otra realidad que sugiera a lector, el mundo que le rodea, el mundo real.

Muere en el sanatorio de Kierling, en Viena, en 1924.

El artista del hambre (Ein Hungerkünstler), fue escrito en 1922, sin embargo no fue publicado hasta después de su muerte en 1924. Narra la historia de un artista circense que ayuna encerrado en una jaula y al que nadie le presta ninguna atención.

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Surrealismo

Modernismo

Ajorca de oro, La

abril 29, 2009 — 1 Comentario

Ajorca
La Ajorca de Oro
Leyenda
Gustavo Adolfo Bécquer
Voz: María Teresa Ramírez García
Duración: 20 Minutos
Música: Distimia y Antonio Raffone (cc:by-sa)

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Gustavo Adolfo Bécquer nació en Sevilla en 1838 y falleció en Madrid en 1870.
Sus poesías líricas (Rimas) y sus Leyendas ejercieron gran influencia en España. Alcanzó amplia popularidad y la crítica le reconoce valores superiores a la mayoría de los poetas románticos.

Imagen: Interior de la Catedral de Toledo

La ajorca de oro cuenta la historia de Pedro Alfonso de Orellana y su amada María Antúnez, la cual, ansiaba poseer la ajorca de oro de la Virgen del Sagrario ubicada en la Catedral de Toledo. Pedro es un joven valiente que haría cualquier cosa por su novia, incluso, lo más insensato: robar esta enigmática joya para satisfacer el capricho de su amada. Algo que, evidentemente, no puede acabar bien…

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